CAPITULO 26

EL PRINCIPIO DE UNA PESADILLA SIN FIN

—¡Por supuesto que no! —dije asustada de que supiera la verdad en ese instante—. Es solo consecuencia de toda la tensión, de la situación… digamos que no es demasiado grato casarse por obligación —acoté con ironía mientras sus ojos me taladraban buscando algún atisbo de que mintiera. Sostuve su mirada inquisitiva, hasta que asintió poco convencido.

—Por tu bien, espero que estés diciendo la verdad, Camile, porque te juro que no toleraré algo así —amenazó de manera sutil y solo afirmé con la cabeza—. Ven… —extendió su mano hacía mí, y por salvar la situación, despacio la tomé—, algunos invitados quieren saludarnos antes de que nos marchemos a nuestra luna de miel —explicó un tanto burlón y solo asentí

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