Poco a poco, Serafina recuperó el aliento y se alejó ligeramente de Dante. Sus ojos aún parecían humedecidos, pero ahora sus sentimientos eran mucho más tranquilos y firmes. Era como si ya no hubiera ese extraño sentimiento que antes la atormentaba. Serafina miró a Dante durante un buen rato.
Como si realmente lo viera a él, no solo como el hombre que tenía delante, sino como el niño al que una vez amó, y como el hombre que había sobrevivido tanto tiempo en un mundo cruel.
Entonces, la mirada d