Poco después, la mansión principal de la familia Romano parecía más animada de lo habitual. Los sirvientes iban y venían cargados de flores frescas, cajas con invitaciones doradas y todo tipo de preparativos para la fiesta familiar que se celebraría esa noche. Toda la mansión estaba impregnada del aroma de las rosas blancas y del lujo característico de la familia Romano.
A simple vista, todo parecía, por supuesto, perfecto. Pero tras esas majestuosas paredes, una tormenta comenzaba a gestarse l