La sala de lectura se enfrió de repente en cuanto Antonio mencionó lo que había dentro del antiguo edificio de la empresa. Dante se quedó inmóvil durante unos segundos, pero Serafina pudo percibir un pequeño cambio en él.
La forma en que se le tensó la mandíbula, cómo sus ojos se volvieron cada vez más oscuros y, lo que más le inquietó, cómo Dante de repente parecía alguien preparado para ir a la guerra.
“¿Qué hay realmente dentro de ese antiguo edificio?” preguntó Serafina.
Antonio miró de reo