El aire en la habitación se había vuelto denso, cargado de un magnetismo que hacía que cada vello de mi cuerpo se erizara. Estar de rodillas frente a Maya, sintiendo el frío anillo de acero del collar contra mi nuez, era una experiencia que desafiaba cada fibra de mi entrenamiento, cada gramo de mi instinto de mando. Yo era el Capitán Petrova; yo era el hombre que entraba en edificios en llamas cuando todos los demás huían. Pero aquí, bajo la mirada esmeralda de la mujer que el mar me había ent