KADYEL
El aire en la cocina de la cabaña se volvió tan pesado que costaba arrastrarlo a los pulmones. Había convertido la mesa de roble donde Stefan y Rouse planeaban desayunar en un quirófano improvisado. La luz de las lámparas tácticas, blancas y despiadadas, rebotaba en el acero del kit quirúrgico.
—Stefan, apaga todas las luces exteriores. Que piensen que estamos durmiendo —ordené sin apartar la vista de la nuca de Anthony—. Samira, necesito que seas mis manos. Rouse, tú eres su ancla. Si s