KADYEL
El amanecer en Ontario era una herida de color violeta sobre la nieve.
Mientras el sistema de Stefan procesaba los archivos del Proyecto Icario, el peso de la responsabilidad me apretaba el pecho.
Anthony no era un niño; era una llave maestra biológica.
Tomé el teléfono satelital y marqué a Santander.
El tono de llamada sonó tres veces antes de que la voz tensa de Alaric respondiera.
—¿Kadyel? No es un buen momento —dijo Alaric, y de fondo pude escuchar el murmullo de la selva y un quej