Valeria estacionó su auto frente a la casa que supuestamente era de Pietro, al descender del auto, las piernas le temblaban, sintió un poco de mareo, se sostuvo del auto y comenzó a subir los pequeños escalones que llevaban hacia la entrada principal. Ahí de pie se encontraba Teodore Vanetto, quien lucía serio y sin mentir, podría verse molesto.
— Señora Barzinni, en su estado, no debería andar conduciendo de noche.
— ¡Vine a ver a Pietro! No sé quién sea usted, pero necesito hablar con él, sé q