Diana y Celeste platicaban en el jardín, mientras tomaban un poco de té y comían postres, ya que Diana estaba con los antojos a todo lo que daba.
- ¿Cómo va tu vida de casada? -preguntó Celeste con curiosidad.
- Bien, no me puedo quejar, Massimo es un gran hombre… Sí, sé que me lleva algunos años, pero eso para mí no es importante. ¿Sabes? En la luna de miel, pobre, en momentos se ponía celoso…
- ¿De verdad?
- Sí, él dice que podría ser mi padre y que varios jovencitos volteaban a verme. Yo, obv