Adrien suspiró cuando vio alejarse de aquella mujer, poco después estaba llegando a su casa, el ama de llaves, al verlo llegar, lo ayudó a descender.
- Señor… ¿Cómo está? Yo juraba que regresaría más tarde… ¡Nos tenía preocupados!
- ¡Tranquila, Hilda! Solo fue un golpe, afortunadamente solo fueron algunos puntos en la cabeza y ya… - Dijo el joven mientras cruzaba la puerta de su casa.
- Bien, señor, creo que no podrá irse a descansar tranquilamente. - Dijo la mujer mortificada.
- ¿Por? - Pre