Massimo, al ver cómo aquella mujer pasó de la incredulidad a la súplica, le provocó empatía, él tal vez no vivió lo mismo, pero ahora mismo, él vivía la incertidumbre de no saber de su hijo primogénito.
- Podemos irnos ahora, mi auto está del otro lado del puente, usted dígame en qué momento nos vamos y lo hacemos… - Dijo Massimo tratando de sonar tranquilo.
El hombre por dentro estaba hecho una bola de nervios, si lo pensaba bien, el Pietro, con los recuerdos de ahora, ni siquiera sabía que no