Massimo abrazó a su hija, sonrió ante el hecho de ver cómo su hija de a pocos iba creciendo y mostrando la madurez de la que estaba hecha. Era increíble, ver y sentir cómo su hija, aquella niña que por mucho tiempo estuvo olvidada, se aferraba a su presencia y tenía claro quién era y lo que quería.
- Papá, hoy voy a ir a ver a Adrien… - Dijo mientras volvía a dar un sorbo a su café.
- ¿Por? – Dijo Massimo un tanto sorprendido.
- ¿Cómo que por qué? Tengo que hablar con él antes de que conozca a m