Massimo y Diana se encontraban abrazados mientras se encontraban recostados en aquella amplia cama. Miraban hacia la ventana y podían ver la oscuridad de la noche, podía oler el mar, podían escuchar cómo las olas del mar golpeaban al llegar a la orilla.
Diana tenía razón, los días que han estado viviendo en aquel lugar, se vivían de manera diferente.
No había peleas, no había que ser alguien que no eran. Ellos eran una pareja normal, disfrutando de su luna de miel, disfrutando de sus desayunos,