Este día había iniciado como un día glorioso para Franco Amato, él por fin, se convertiría en el dueño del Grupo Pellegrini, era algo equiparado como si hubiera comprado una de las más grandes cadenas de ropa de diseñador o cosas así, pero sin poner ni un centavo.
Aldo, con lo que él no contaba, era que no solo le quitaba el negocio a los Pellegrini originales, sino que, el solo hecho del método que usó para presionar, no había sido contemplado desde todos sus lados.
Massimo se había retirado de