Luciano acompañaba a Paloma, quien, por alguna razón que ni él conocía, venía aferrada a su mano, tanto que, al mismo Luciano, ya le dolían aquellas contracciones de parto.
En la mañana, cuando se despertó, jamás por su mente hubiera imaginado estar viviendo un momento como este, menos a lado de quien lo vivía.
- ¡BRAYSON! ¿Falta mucho para llegar al hospital? ¡AY, MI DIOS! ¡MALDITA SEA! ¡DUEEELEEE! – Gritaba Paloma y, a la vez, trataba de ser fuerte.
- ¡Disculpe, señora…! ¡Voy lo más rápido que