Minutos más tarde, Massimo llegaba a las oficinas del Grupo Pellegrini, no tuvo ningún problema para entrar, Franco ya le estaba esperando.
— Massimo… ¡Qué agradable sorpresa! ¡Hoy me has visitado dos veces!
— Déjate de idioteces y trae a los niños…
— Mmm… Cambio de planes, tus hijos aún no llegan, pero tú puedes firmar…
— ¿Acaso crees que soy idiota? Esto ya lo tenías planeado, ¿verdad?
— Massimo, sabes bien que soy un hombre de negocios, tus hijos están vivos, me sirven más vivos que muertos,