Capítulo 7

Catalina y Gertrudis llegaron junto con su tío a casa de su abuela.

Su tío las dejó en la puerta ya que le avisaron que debía atender un asunto urgente.

― ¿Y bien? ―Preguntó enojada su abuela saliendo al recibidor seguida de su ama de llaves ― ¿Has encontrado al menos un prospecto o solo fuiste a perder el tiempo?

―También me da gusto verle, abuela ―Respondió Catalina quitándose el sombrero y los guantes y dándoselos a Gertrudis.

―No tengo tiempo para tonterías, niña ―Dijo su abuela aún más molesta ―Sabía que solo hacías ese viaje para gastar de mi dinero y perder el tiempo.

―No he perdido el tiempo, abuela ―Ahora se enojó Catalina ―En realidad he encontrado a un caballero que quiere casarse conmigo.

―No me hagas reír ―Contradijo su abuela ―Seguramente es alguien de dudosa reputación o sin fortuna ni buen apellido.

―David LeBlanc Del Valle, futuro duque, vendrá a pedirte mi mano en matrimonio ―Espetó Catalina y caminó hacia las escaleras sin querer seguir discutiendo ―Y si me disculpa, prefiero descansar en mi habitación.

Pero antes de llegar, su abuela la tomó del brazo.

― Basta de jueguitos, Catalina ―Le dijo apretando con fuerza su brazo.

―Me lastimas, suélteme ―Pidió Catalina sintiendo ardor por el agarre de Isidora ―Es verdad lo que he dicho, pronto vendrá el señor LeBlanc a pedir mi mano y si no me cree pregúntele al tío Federico.

Solo entonces su abuela la soltó y Catalina pudo sobarse la parte lastimada.

―Si es que de verdad has visto a LeBlanc en el viaje te aseguro que sus intenciones no son honorables ―Contestó su abuela enojada ―Todos sabemos que clase de… hombre es. Le encanta vivir la vida con diferentes mujeres, la última vez se involucró con una cantante.

―Sus intenciones conmigo son muy serias ―Respondió Catalina con firmeza ―Va a casarse conmigo y es un futuro duque ¿Qué más puede pedir?

―El título nobiliario aún no es seguro que sea para él ―Contradijo Isidora ―Sus padres no quieren que así sea porque ha dejado por los suelos el apellido.

―Por nacimiento es su derecho ―Refutó Catalina ― Y aunque no le dieran el título, su apellido ya es suficientemente importante como para merecer pertenecer a nuestra familia.

―El apellido es importante, pero el honor es igual o más importante ―Contestó Isidora fúrica ―No le voy a dar la mano en matrimonio de mi única nieta a un malviviente que arrastra con el fango su propia reputación. Independientemente de que los hombres tengan amantes él se ha dejado ver con mujeres que no están a la altura y eso no va a enlodar mi apellido.

―He conseguido lo que me ha pedido ―Respondió Catalina muy enojada ―Un hombre de buena cuna y con mucho dinero que pedirá mi matrimonio y me permitirá seguir estudiando.

―Solo muerta permitiré que te comprometas con un hombre inadecuado como hizo tu padre que se casó con tu madre ―Soltó su abuela tratando de herirla.

―¡No le permito que hable así de mi madre! ―Gritó Catalina enfurecida a lo que su abuela le dio una bofetada haciendo que la chica se quedara estática.

―Y yo no te permito que me levantes la voz ―Dijo su abuela levantándose en toda su estatura ―No se te olvide que quieras o no soy yo quien manda sobre ti y harás lo que yo te digo.

Catalina la miró con lágrimas en los ojos.

―Ahora ve a tu habitación y no salgas hasta que yo te lo diga ¿escuchaste? ―Le ordenó.

―Puede ser que usted tenga el dinero de mis padres y el derecho de firmar para que me saquen de la escuela, pero eso no le da el derecho de golpearme ―Contestó Catalina tocando su enrojecida mejilla.

― ¿Qué harás? ¿Irte a la calle? ―Preguntó con burla su abuela.

―Prefiero la calle que soportar más estas humillaciones ―Respondió Catalina mientras las lágrimas bajaban por su cara y Gertrudis se acercaba a tomar su brazo.

―Si piensas que puedes amenazarme con irte, estás muy equivocada ―Le advirtió su abuela.

―No quiero nada de su dinero si eso le preocupa ―Contestó Catalina.

―También puedo ir al hospital psiquiátrico, la esposa del director es amiga mía ―Sonrió su abuela con maldad a lo que Catalina y Gertrudis perdieron el aliento ―Puedo decirle que te has puesto loca por la muestre de tus padres y que prefiero que te internen de forma indefinida.

―Usted no haría eso ―Afirmó Catalina asustada.

― ¿Por qué no? ―Preguntó su abuela aún sonriendo al igual que su ama de llaves, Micaela ―No permitiré que deshonres nuestro apellido.

― ¿Y quién continuará con nuestro apellido si me interna? ―Preguntó Catalina cruzándose de brazos sin resignarse a perder.

― Después de que hagan lo que hacen con la gente enferma de la mente, quedarás tan obediente que te podré encontrar un buen hombre que hará de ti una excelente y obediente esposa ―Terminó Isidora.

― ¿Es que no me quiere ni un poco? ―Lloró Catalina.

―Ve a tu habitación como te he dicho o cumpliré mi palabra ―Dijo su abuela.

Catalina se limpió la cara y subió rápidamente a su habitación con Gertrudis.

―Abelardo ―Llamó Isidora a lo que su sirviente corrió hasta ella.

―Dígame, mi señora ―Dijo Abelardo.

―Saca de la habitación de mi nieta a su dama de compañía y llévala a la de sirvientes ―Ordenó ―Y no la dejes salir hasta que yo te diga.

―Sí mi señora ―respondió Abelardo haciéndole una reverencia.

― ¿No sería mejor deshacerse de ella de una vez, señora? ―Preguntó Micaela.

―Puede sernos de utilidad más adelante, pero prefiero que por ahora esté encerrada y que no ayude a Catalina ―respondió Isidora caminando hacia su despacho.

Lo que Isidora no esperaba era que horas más tarde David LeBlanc Del Valle tocara la puerta de su casa y pidiera hablar con ella.

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