Mundo ficciónIniciar sesiónIsidora Alcalá de la Alameda Ortigoza se sorprendió enormemente cuando su ama de llaves le anunció que David LeBlanc Del Valle estaba ahí con intenciones de hablar con ella.
Inmediatamente lo hizo pasar, pero se preguntaba si su nieta habría dicho la verdad y vendría a pedir su mano. Aunque sonaba descabellado, Catalina siempre hacía cosas fuera de lo normal.
―Señora ―Entró Micaela, su ama de llaves ―Está aquí el señor David LeBlanc del Valle.
―Que pase por favor ―Indicó ella mirando desde el otro lado del elegante escritorio de caoba que fue de su difunto esposo.
Micaela dejó pasar a un hombre joven y guapo.
―Buenas noches, señora Alcalá de la Alameda ―Habló David sonriendo coquetamente ―Soy…
―Sí, ya me han dicho quien es usted, tome asiento por favor ―Le interrumpió Isidora.
Él se sorprendió y perdió la sonrisa por un momento, pero después caminó hasta tomar asiento frente a ella.
― ¿En qué puedo servirle? ―Preguntó Isidora con semblante serio, una vez que él tomó asiento frente a ella.
―Vengo a pedir la mano en matrimonio de su nieta, la señorita Catalina Alcalá de la Alameda Real ―Volvió a sonreír él sacando de su elegante y pulcro saco una caja negra que dentro contenía un hermoso anillo de oro con un diamante blanco.
― ¿Qué le hace pensar que realmente yo creería que las intenciones de usted hacia mi nieta son honorables, joven LeBlanc? ―Preguntó Isidora.
― ¿Cómo dice? ―Preguntó David enormemente sorprendido.
―Sé bien que su… largo historial con las mujeres lo precede, joven LeBlanc ―Explicó su abuela ―Todos en la ciudad hablan sobre su interminable lista de conquistas, por tanto ¿Qué le hace pensar que yo creería que usted quiere algo serio con mi nieta?
―Soy consciente de mis… antecedentes ―Respondió David cuidando muchos sus palabras ―Sin embargo, es mi deber elegir esposa para compartir conmigo las obligaciones y derechos que el título de duque que me corresponde por nacimiento.
― ¿Y Catalina es la mujer elegida por usted? ¿Porqué? ―Preguntó ella recargándose en su silla.
―Bueno, ella es alguien diferente a cualquier otra mujer que haya conocido ―Explicó él sintiéndose de pronto nervioso.
― ¿Diferente? ¿En qué sentido? ―Volvió a preguntar ella mirándolo inquisitivamente.
―Bueno… ella no solo es bonita físicamente, también es educada, amable y bondadosa ―Respondió él ―Además me tiene impresionado la determinación con la que lucha por terminar su carrera.
― ¿Entonces estaría usted de acuerdo con cosa semejante? ―Preguntó ella.
―Claro que si ―Respondió él decidido ― Alguien que quiere salvar vidas es una persona muy valiosa. Principalmente si está dispuesta a hacer sacrificios por ello.
―Habla usted con demasiada soltura ―Indicó Isidora mirándolo fijamente.
―Me gusta ser sincero ―Respondió él.
― ¿Es lo que se espera de un duque? ―Preguntó ella sorprendida.
―Así es, mi tío, el duque, alaga mi esencia temeraria, ha dicho que se requiere para llenar el título de duque ―Explicó él sonriendo de forma altiva.
―Comprendo ―Asintió ella después de mirarlo por un momento ―Lo que me pregunto es si Catalina estaría dispuesta a permitirle seguir con mujer tras mujer mientras ella se queda en la casa cuidando de los hijos y de los deberes de duqueza. Como bien ha dicho mi nieta no es como las demás.
―Mis deberes para mi ducado y mi familia jamás caerán solo sobre Catalina, yo me haré responsable desde el día en que herede y hasta el día de mi muerte ―Explicó David con seriedad ―Y sobre las mujeres, jamás faltaría a mi esposa si ella se siente herida por eso.
― ¿Qué hay de la dote de Catalina? ―Inquirió Isidora.
―Se hará con ese dinero lo que ella disponga ―Respondió David.
― ¿No dispondrá usted del dinero? ―Preguntó Isidora enormemente sorprendida ―Eso no es algo habitual de los maridos.
― Afortunadamente con el capital que mi tío fallecido me ha dejado he hecho mis propios negocios y tengo mi propia fortuna ―Explicó él con firmeza ―No necesito utilizar la dote de Catalina. Además, tendremos todo el dinero que el ducado nos dará.
―Comprendo ―Asintió Isidora ―Lo único que pido para darle la mano de mi nieta en matrimonio es que lleven nuestro apellido en alto y con honor toda la vida. ¿Puede prometer eso?
―Será un honor, señora ―Hizo una reverencia con la cabeza, David.
―Está bien, en todo caso por favor quédese a cenar para que hablemos con mi nieta de los detalles sobre la fiesta de compromiso y de la boda ―Sonrió Isidora feliz de que el joven pasara las pruebas para aceptarlo en la familia. Al parecer era un excelente partido para su nieta y que mejor que unirse a alguien con un título nobiliario.
―Pase al comedor, por favor ―Indicó ella poniéndose de pie ―Ahí seguiremos hablando.
David se puso de pie y esperó a que ella se adelantara para ir tras de ella. Respiró profundo, al menos todo había salido bien, ahora solo faltaba que Catalina no se pusiera nerviosa con el interrogatorio que ahora vendría de su futura y pretendida abuela política.







