David llegó al enorme palacio de Valdeoro ese mismo día por la noche. Decidió hacer el viaje en caballo de la última terminal del tren del pueblo hasta la residencia ducal de su tío.
Como siempre, la verja de hierro forjado, los pilares de piedra, las esculturas, fuentes, jardines y toda la elegancia del palacio lo recibieron con los brazos abiertos.
Para cuando llegó su tío dormía, pero el antiguo mayordomo Nicandro lo recibió y acompañó personalmente hasta las habitaciones que siempre ocupaba