Al otro día por la mañana, la casa de Isidora viuda de Alcalá de la Alameda Ortigoza se preparó con enorme gala para la fiesta de compromiso que se llevaría a cabo más tarde.
Catalina comenzó a prepararse desde mucho antes con las costumbres que su abuela firmemente le requirió:
Se bañó largamente y con ayuda de su dama de compañía, Gertrudis. Luego fue perfumada, masajeada con cremas finas traídas de París y se puso un vestido ligero que se abotonaba por enfrente.
Entonces llegó la mejor estil