─Señorita Hudson, la espero en mi despacho ya mismo ─había un complemento extraño en el tono de su voz, olía a soberbia y solo pensarlo me ponía de nervios.
Terminé de entregar los ensayos calificados, mi nota era una de las más altas.
Fui a su despacho tiritando en preocupación. «¿Qué coño me pasa? El cuernudo es él no yo.»
─Siéntate ─no sonreía, tenía ojeras y la mandíbula la mantuvo apretada.
─ ¿Pasa algo?
─Eso te pregunto, ¿qué diablos pasa? ─me tensé ─, anoche te fuiste a casa en un taxi e