Tengo un dolor punzante en mi cabeza, intento centrar mi mirada en Max, pero no puedo. Todo me da vueltas, solo escucho los gritos de él, no está dispuesto a dejarme en paz, así que continúa con los golpes, uno tras otro. Mi cuerpo no tiene fuerzas para luchar y me quedo tumbada en el suelo y con mis brazos intento protegerme.
—¡Max! —la voz de Jud llega hasta mis oídos antes de desmayarme.
Abro los ojos lentamente, parpadeando contra la luz blanca y brillante que llena la habitación. Mi cabeza