Respiro hondo, tratando de encontrar las palabras adecuadas. William espera mi respuesta con ansiedad, lamento tener que decirle lo que siento por él, lo aprecio y lo quiero, pero como amigo.
—William, eres un hombre maravilloso —comienzo a decir—. Me has apoyado en los momentos más difíciles y te debo mucho por todo lo que has hecho por mí.
Williams sonríe, pero la sonrisa no le llega a sus ojos. Sabe que hay un “pero” en camino.
—Sin embargo, no puedo casarme contigo. No estoy enamorada de ti