La pelirroja acaricia la mano de James con ternura, y él, le devuelve una sonrisa cómplice. De pronto, siento su mirada dirigirse hacia mí, actúo con rapidez, escondiéndome detrás de un árbol.
¡Madre mía, madre mía! susurro para mis adentros, con la esperanza de pasar desapercibida. Al girar la esquina, me topo con un grupo bullicioso de excursionistas. Sin perder un segundo, me mezclo entre ellos, camuflándome. Con cada paso que doy, la tensión en mi cuerpo va desapareciendo.
Finalmente, cuand