¡Increíble! ¡Me acaba de hacer la cobra! Me ha rechazado. Bajo la vista al suelo, no sé dónde meterme. ¡Dios mío, qué vergüenza!
—Mía, no puedo, lo siento, perdóname, por favor.
El primer hombre al que me atrevo a besar me rechaza, y sé que cuando mis amigas lo sepan, no podrán contener la risa.
—Regresaremos andando, estamos cerca de casa, mañana volveré por el coche —dice, mientras me agarra de la mano.
—¿Te importaría soltarme? Sé caminar sola.
—Prefiero no arriesgarme.
Comenzamos a caminar