Camino hacia mi club con pasos pesados, sintiendo cada metro como si fuera un kilómetro. El cansancio se acumula en mis hombros, y mi paciencia se ha agotado.
—Ya es suficiente —me digo a mí misma.
—Mía —la voz de James me sobresalta, y giro sobre mis talones para enfrentarlo. Allí está él, dentro del coche, con esa mirada arrebatadora.
—Lárgate. No quiero verte más. Prefiero vivir en la calle antes que aceptar cualquier cosa de ti.
—No digas tonterías, hace frío — gruñe, deteniendo el coche co