Los días transcurrieron a una velocidad cegadora. Después del incidente, las visitas de Kenia desaparecieron por completo, la única persona que se acercaba a su habitación era Horacio y, de alguna forma inexplicable, se estaba empezando a sentir cómoda en su presencia.
—¿Qué me trajiste esta vez?—le preguntó cuando lo vio cruzar la puerta.
—¿Por qué tanta confianza, niña? ¡Respétame, soy mayor que tú!
—Eso dices hoy. ¿No era que querías que se acabarán las formalidades?
—Sí, pero no así. Sol