Una mano se deslizó por su espalda baja hasta llegar a la altura de sus glúteos, transmitiéndole un corrientazo que viajó desde dicha zona hasta la última de sus terminaciones nerviosas. Aquella electricidad se sentía casi exquisita, sí, casi, porque no se trataba de la persona que le hubiese gustado que la tocará de esa forma.
—Cariño—susurró, a modo de reproche, al hombre que se mantenía a su lado.
Él no respondió, siguió prestando atención al sujeto que tenía delante, simulando estar aten