—Hay que limpiar este desastre—dijo una voz masculina a su acompañante.
—Recógelo tú—renegó su compañero.
—No puedo solo, es muy pesado, ¿no lo ves?
—Pues creo que necesitaremos más ayuda.
Ambos hombres se acercaron y observaron detenidamente el rostro, del que en un pasado había sido la mano derecha de Luke.
—Tú te lo buscaste, viejo sapo—dijo uno de ellos, con una inclinación de cabeza, a modo de respeto.
—Oye—el otro de repente golpeó a su compañero—, mira, parece que sigue respirando.