—¿Qué pasa? ¿Por qué tantos gritos?
Kenia se había aproximado hasta la habitación de Arlet, pero antes de entrar y averiguar qué sucedía, Luke había salido de la misma transformado en todo un energúmeno.
—¡Luke!—lo llamó en medio del pasillo.
El hombre se giró a penas y la fulmino con esos ojos azules bañados en sangre.
—No me sigas—le advierto, en un tono que la dejó por un segundo temblando.
—Maldita hija de Amaro—murmuró Kenia con un deseo creciente, de cruzar aquella puerta y hacerle pa