—Esto es una pésima idea—dijo Luke tratando de levantarse.
—Por favor, quédate—lo detuvo Arlet, colocando una mano en su pecho y recostándolo nuevamente en la cama.
El hombre percibió el suave toque de su mano y la miró fijamente antes de agarrarla por las caderas y subirla encima de su cuerpo.
—No creo poder dormir—confesó con simpleza—. Hagamos otra cosa.
Arlet sintió un ardor intenso en sus mejillas, pero se encontró asintiendo.
—¿Qué quieres hacer?
—¿Necesitas que te lo diga?
—No—sinti