Kenia observó al hombre que yacía dormido a su lado, su pecho subía y bajaba de forma apacible. Se veía tan sereno, tan contrario a aquel vendaval que había entrado en su habitación hacía un par de horas atrás.
Había cruzado la puerta sin decir una palabra, aquello en un inicio no le sorprendió, sus visitas eran rutinarias, sin embargo, algo en ese momento encendió sus alarmas.
Su mirada, de un azul intenso, estaba ligeramente trastornada. Ella vio la turbulencia de su pasado reflejada en esa