—¿Vamos a nadar? —Invité dándole la mano.
—Claro, porque no… —Su cara temerosa me divirtió un poco, suponía que se trataba de mero teatro, mi sorpresa fue mayúscula cuando note sus piernas temblorosas al entrar en contacto con la corriente —Mejor me quedo —Dijo está viendo fijamente con sus profundos ojos al horizonte marino.
—Oye relájate, yo estoy aquí, hace un momento tenías medio cuerpo en el interior ¿Qué te ocurre? —Consulté tomándola por ambas manos. Jalándola lentamente y ayudándola a r