No tenía idea de dónde venía ese repentino arrebato filosófico. Quizás se trataba de por fin poder meditar a solas, creo que ese era un aspecto perdido en la última semana, estaba rodeado de personas desde que me levantaba hasta que me acostaba y al hacerlo yacía tan cansado que no deseaba conversar conmigo, solo entregarme al sueño y rezar porque el día siguiente fuera mejor.
Vi a los niños temerosos en la orilla y me di cuenta de que tenía que apoyarlos, deseaban adentrarse más profundo, pero