TRENTON
Me desperté a las tres de la mañana otra vez, con las almohadas empapadas en sudor, la mente hecha un lío y tuve que incorporarme para respirar. Era otra pesadilla, y cada vez se repetía con más frecuencia. No quería contárselo a mi esposa. No quería preocuparla.
En esos sueños, moría antes de ver crecer a mis gemelos, y al despertar, me quedaba despierto por la noche haciendo todo tipo de cálculos. Si los gemelos nacieran ahora, tendría cuarenta y ocho años. Cuando empezaran el colegio