Tardó una hora en contármelo todo.
No me interrumpí. No pregunté hasta que terminó. Lo escuché de la misma manera en que leía los datos del puerto: buscando inconsistencias, evaluando si lo que describía tenía coherencia interna, si los detalles coincidían con lo que yo ya sabía.
Lo que me dijo:
El plan había empezado nueve meses antes de que yo lo viera desde la ventana. No como algo súbito sino como la evolución lógica de once años de planificación: una vez que tuvo los documentos que probaba