Las semanas que siguieron fueron diferentes.
No más fáciles, exactamente. Pero diferentes de una manera que era más honesta, más expuesta, con menos capas entre lo que sentíamos y lo que decíamos. El expediente había quemado también algo de la distancia que ambos habíamos mantenido, no por decisión sino por el peso de lo no dicho, y sin ese peso lo que quedaba era más ligero y más real al mismo tiempo.
Adrián dejó de cerrar el segundo cajón. No de manera ceremonial, no como gesto simbólico, sin