Jack Parte X.
Usaba la fuerza de mis hombros para remar y me preguntaba por qué demonios se me había ocurrido citar a Julianna para un paseo en bote. Era una de esas tonterías que muchas lobas consideraban románticas y encantadoras.
No yo.
Y, al parecer, tampoco Julianna.
—Aquí estamos lo suficientemente lejos de oídos indiscretos —murmuró, mirando de reojo hacia la orilla, donde los guardias de su padre y algunos del castillo vigilaban cada uno de nuestros movimientos.
—Genial —gruñí con fastidio—. Ahora, d