Capítulo 8.

-¡Princesa! – Dijo una voz apresurada desde la puerta. – No sabía que usted… ¡Princesa! ¡¿Se encuentra usted bien?! ¡¿Debo llamar a un doctor?! ¡¿Llamo al castillo?!

Había tardado sus buenos cinco minutos en aparecer y para ese tiempo yo era un lío lloroso de temblores y suaves lamentos. Saqué un pañuelo oculto en mi corpiño y me soné escandalosamente la nariz para consternación de lady Lilian.

-Oh, por favor, no se preocupe por mí. Lamento no haber avisado con antelación que venía a visitarla.
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