Para cuando el almuerzo terminó y los dueños ya los habían colmado de agradecimientos, Livia se marchó con el corazón ligero. Escuchar historias sobre embarazos era emocionante, especialmente las de las primerizas. Y gracias a su toque travieso, ya había empezado a planear qué “antojos” tendría cuando quedara embarazada… solo para fastidiar a su marido.
—Cariño, ¿a dónde vamos ahora? —preguntó mientras caminaban hacia el estacionamiento.
—Voy a llevarte a casa.
—¿Qué? ¡Nooo, no quiero ir a casa