Jenny se sentía atrapada, tironeada en todas direcciones. No estaba lista para abrir su corazón lo suficiente como para recibir lo que David estaba a punto de decir, aunque ya supiera la respuesta. Así que decidió: no hablaría del tema. No ahora.
—Jenny.
Bien. Lo que sea. Dilo. Di lo que tengas que decir.
—¿Qué? —cedió al fin. Al final, las palabras que debían decirse, se dirían, aunque dolieran. Eso se repitió Jenny a sí misma, usando una de las frases “profundas” que Sophia solía robar de pub