No cabía duda: la irritación en la voz de Harris era evidente.
Sobre todo cuando lo sorprendió al ver a Kylie sonreír. Sonreír de verdad, como si de veras disfrutara cenar a solas con una bomba de tiempo.
Todo el mundo sabía que Brown solo obedecía a Damian. Para él, el resto del mundo no era más que hojas secas arrastradas por el viento.
‘¿Qué le pasa a este tipo?’, pensó Kylie, desconcertada.
—Señorita, tome esto —dijo Harris, sacando su cartera y extendiéndole una tarjeta de presentación.
Ky