Kylie se envolvió en la chaqueta de Brown, y el calor la envolvió al instante. El aroma de él aún se aferraba al tejido: limpio, masculino y reconfortante, incluso después de un largo día.
‘¿Por qué huele tan bien?’, pensó, mientras un pensamiento travieso se colaba en su mente antes de que pudiera frenarlo. Aun así, no resistió la tentación de acercar el cuello de la chaqueta a su nariz.
—No esperes más de mí que esto.
La voz de Brown sonó suave, casi como si hablara con la noche y no con ella