Damian esbozó una mueca mientras le entregaba el teléfono a Brown. Ken seguía hablando sin parar del otro lado, pero Damian ya no tenía fuerzas para escuchar. La capacidad del hombre para hablar superaba cualquier límite normal—siempre exigente, siempre maquinando.
—Brown, no permitas que ese lunático se acerque a la villa. Si aparece, sácalo antes de que cruce la puerta. —
Bueno, Ken no se atrevería a presentarse a menos que llevara a su esposa como escudo humano.
Brown conocía la estrategia r