Fuera, el edificio del café seguía en pie, igual que siempre.
La única diferencia era la presencia de guardias, perfectamente uniformados, que hacían que la escena pareciera muy distinta a la de cualquier otro día.
El grupo de guardaespaldas había llegado antes de que aterrizara el helicóptero. Nadie se atrevía a acercarse ni a averiguar qué estaba ocurriendo.
Cuando el rugido del helicóptero resonó y aterrizó en el helipuerto, muchas personas salieron de sus tiendas o detuvieron sus actividade