En una casa de alquiler estrecha, asequible para trabajadores de clase media baja, se alzaba un edificio deteriorado en medio de un barrio densamente poblado. A su alrededor había viviendas similares, baratas y con instalaciones mínimas.
Cuando llovía, las calles se volvían lodosas y resbaladizas. Era difícil imaginar que alguien con dinero decente en la capital eligiera vivir allí. Pero para quienes ganaban por debajo del promedio, esos lugares eran un refugio.
Y fue en ese estrecho cuarto de