Livia acababa de salir de la ducha.
Estaba recostada en el sofá, la televisión encendida, pero sus ojos seguían pegados al teléfono.
Ningún mensaje sobre a qué hora volvería el joven amo Damian.
Al final decidió retirarse a su habitación.
Aquella tarde había estado ocupada—llevaba horas revisando resultados de búsqueda, intentando encontrar fragmentos de aquel programa de amor.
¿Por qué me entero de esto recién ahora? Valiente reportera, ¿quién eres? ¡Hagámonos amigas! pensó, divertida.
De pron