"Buenos días, señorita. Por favor," saludó Leela con cortesía cuando Livia se acercó. Ya había abierto la puerta trasera del auto.
¿Y esta qué trae?
"Voy a sentarme delante." Livia abrió la puerta del copiloto y se acomodó antes de que Leela pudiera objetar.
Leela rodeó el auto con calma, se sentó al volante y arrancó sin decir nada.
El silencio llenó el coche.
Los ojos de Leela permanecían fijos en la carretera. Livia la miró de reojo varias veces, pero no dijo nada. Ya estaba de mal humor, so