—¿Adónde me llevas, Jen? —gritó Livia, molesta.
—Siéntese quieta, cuñada. La llevo a un sitio extraordinario donde podrá liberar tensión —respondió Jenny con una sonrisa. Sophia, a su lado, soltó una carcajada.
—No juegues conmigo, Jen. Si tu hermano se entera de que voy a un lugar así, estoy perdida.
Aunque Livia no tenía idea de adónde iban, su mente ya había tomado el rumbo equivocado.
—Jajaja, ¿pero qué estás imaginando? —Jenny seguía riendo, sin inmutarse por las quejas de su cuñada.
Cuand