En la Habitación
Damian se dejó caer en el sofá con un largo suspiro. Livia lo siguió y se sentó con cuidado a su lado.
Él se reclinó, apoyando la cabeza contra el cojín, ojos cerrados, expresión impenetrable.
Entonces —sin abrirlos siquiera— le dio un leve golpecito en la frente con el dedo.
—¿Por qué me estás fulminando con la mirada?
Livia parpadeó.
—Lo siento, cariño. ¿No quieres... bajar a hablar mejor?
Era su intento de esquivar la incomodidad; mejor que él conversara con Helena antes que